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Monumento Aéreo de Bahía de Cochinos

Un bombardero B-26 y un pilar de granito en el Aeropuerto Ejecutivo de Miami, levantados a lo largo de cuatro décadas por un solo hombre en memoria de los catorce aviadores de la Brigada 2506 que no regresaron.

Resumen

El Monumento Aéreo de Bahía de Cochinos ocupa una parcela arrendada en el Aeropuerto Ejecutivo de Miami, el campo conocido hasta hace poco como Kendall-Tamiami Executive Airport. Su elemento central es un bombardero B-26 pintado con los distintivos de la Fuerza Aérea cubana: el mismo disfraz que llevaban los aviones de la invasión en abril de 1961. A su alrededor hay un muro con dos astas de bandera, placas con los nombres de los hombres de la Brigada 2506 y de los donantes del proyecto, fotografías de los catorce aviadores caídos y un pilar de granito orientado hacia la isla. El pavimento reproduce una bandera cubana ondeante.

Esta página se basa en una entrevista con el capitán Amado Cantillo, presidente de la Asociación de Pilotos Cubanos y fundador del monumento, grabada en el propio lugar, y en un levantamiento tridimensional del monumento realizado para Preserving Florida en 2025. Donde el registro es incierto, la página lo dice en lugar de rellenar el hueco.

Materias
Exilio y memoria, Vida cívica

Los catorce aviadores

El 17 de abril de 1961, aviones de la Fuerza Aérea de Liberación de la Brigada 2506 atacaron posiciones cubanas en Bahía de Cochinos. Murieron diez aviadores cubanos y cuatro estadounidenses. Sus fotografías están expuestas en el monumento y sus nombres grabados en las placas del pilar.

Cantillo no voló aquel día. Reclutado por la Agencia Central de Inteligencia y entrenado en Vieques, Puerto Rico, sirvió a las órdenes del oficial estadounidense Grayston Lynch y dirigió un grupo de hombres rana que debía desembarcar en la playa que la operación llamaba Blue Beach. Casi nada salió según lo previsto. Sesenta años después, todavía se discute a quién corresponde la culpa del fracaso.

Lo que para Cantillo no admitía duda era lo que se les debía a aquellos hombres. En Miami ya había monumentos para la infantería de la Brigada 2506 y para su Marina. No había ninguno para su Fuerza Aérea de Liberación. «Cuando volvieron», dice de las familias de los aviadores, «estaban solos».

Nos llamamos hermanos. No nos llamamos compañeros, como ellos. Nos llamamos hermanos.
Capitán Amado Cantillo, presidente de la Asociación de Pilotos Cubanos

La búsqueda del avión

El B-26 del Aeropuerto Ejecutivo de Miami tiene ochenta y cuatro años. No fue uno de los dieciséis aviones que participaron en la invasión: combatió en Europa, después en Corea, y terminó su vida útil apagando incendios en California. Como los aviones que volaron en Bahía de Cochinos, está pintado para pasar por un aparato de la Fuerza Aérea cubana, el engaño con el que se pretendía disipar sospechas durante la operación.

La búsqueda empezó con una presentación. Un amigo, el general Pérez, puso a Cantillo en contacto con el general de división Charles D. Metcalf, entonces director del Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Cantillo pidió prestado el dinero del vuelo a Ohio para reunirse con él. «Podría haber hablado con ese hombre durante días. Así empezó. Me dijo: “tengo un avión para usted”».

El avión estaba en California y Cantillo no podía costearse el viaje para verlo. Metcalf le envió un billete de primera clase y dispuso que un sargento lo recibiera allí. Cuando la cuestión pasó a ser cómo trasladar un bombardero de un extremo a otro del país —el plan de Cantillo consistía en ocho cubanos y unos cuantos camiones, sin las herramientas ni la experiencia necesarias—, Metcalf volvió a encontrar a alguien capaz de hacerlo.

Cantillo estaba instruyendo a un piloto de helicóptero cuando le avisaron de que el avión había llegado. Había calculado una semana para que los tres hombres que lo trajeron lo montaran. Terminaron en menos de tres días.

La construcción del monumento

Los planes del monumento se anunciaron en agosto de 1999. Cuando el condado arrendó el terreno a Cantillo, no era más que un espacio vacío. El avión estuvo primero en el lado norte del aeropuerto y después fue remolcado hasta el lugar, donde quedó sobre calzos y sin ninguna señalización.

Después, la obra se paralizó. Cantillo describe a una funcionaria de una oficina fiscal de Florida que bloqueó los trabajos porque la asociación estaba vinculada, según él, a Hermanos al Rescate «y a grupos que levantan olas en Cuba». Un fotógrafo del Miami Herald lo captó en ese momento, con los brazos abiertos junto al avión. «Y yo digo: “Dios mío, ya no puedo más”. Estoy rezando: “¡Dios, ayúdame!”. Y pasa el camión y hace esa foto». El obstáculo se salvó con una carta que confirmaba que el avión era solo para exhibición.

El pilar lo diseñó un arquitecto que trabajó sin cobrar y que se negó a figurar en el lugar. «Tenía más o menos una idea de lo que quería: que apuntara hacia Cuba», dice Cantillo. La pizarra de una de sus caras costó doce mil dólares y fue donada. Los distintivos cubanos del B-26 los pintó a mano Lorenzo Suárez, que se ocupa del mantenimiento cinco días por semana y que, como subraya Cantillo, «no soporta las plantillas».

El lugar hoy

Quince años después de la inauguración, el dinero para mantener el monumento en el estado que, según Cantillo, merecen los caídos sigue sin estar resuelto. «Hacer un poco cuesta mucho. A veces no duermo. Soy un campeón durmiendo, pero llevo seis meses sin dormir». Y añade: «No me gusta deber dinero, y menos porque este es un lugar sagrado». El sitio se ha construido y se mantiene gracias a su propio ingenio y a la generosidad de otros, en buena parte del exilio cubano, y él cuida de que todos los donantes figuren en las placas.

La Asociación de Pilotos Cubanos tenía doscientos ochenta miembros cuando Cantillo fue elegido presidente en 1988. Ahora tiene siete. «No he renunciado. Me enfadé y les dije que renunciaría. Pero moriré aquí».

En 2025, Preference Consulting realizó un levantamiento tridimensional detallado del lugar, que abarca desde los instrumentos de vuelo del B-26 hasta una vista cenital de la bandera cubana trazada en el pavimento. Conserva el monumento tal como está y permite verlo a quien no puede desplazarse al Aeropuerto Ejecutivo de Miami.

No soy un héroe. No soy nada. Solo cumplí con mi deber.
Capitán Amado Cantillo

El lugar en 3D

Cronología

Aviones de la Fuerza Aérea de Liberación de la Brigada 2506 atacan posiciones cubanas en Bahía de Cochinos. Mueren diez aviadores cubanos y cuatro estadounidenses.
Amado Cantillo es elegido presidente de la Asociación de Pilotos Cubanos, que entonces cuenta con doscientos ochenta miembros.
El B-26 llega a Miami. Tres hombres enviados por el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos lo montan en menos de tres días.
Se anuncian los planes del monumento. El condado de Miami-Dade arrienda a Cantillo una parcela vacía en el entonces Kendall-Tamiami Executive Airport.
Se inaugura el monumento, tras una construcción que se prolongó durante la década de 2000. El pilar, las placas y la bandera cubana trazada en el pavimento ya están en su sitio.
Preference Consulting realiza un levantamiento tridimensional del monumento para Preserving Florida.

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